{"id":4461,"date":"2015-04-03T03:57:35","date_gmt":"2015-04-03T00:57:35","guid":{"rendered":"https:\/\/ens9001-mza.infd.edu.ar\/sitio\/malvinas-hoy-felipe-pigna\/"},"modified":"2015-04-03T03:57:35","modified_gmt":"2015-04-03T00:57:35","slug":"malvinas-hoy-felipe-pigna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ens9001-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/malvinas-hoy-felipe-pigna\/","title":{"rendered":"Malvinas hoy &#8211; Felipe Pigna"},"content":{"rendered":"<table style=\"background-color: #ffffff; ; width: 500px;\" border=\"0\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/ens9001-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/pigna.jpg\" border=\"0\" alt=\"\" width=\"410\" height=\"308\"><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"margin: 12pt 0cm; line-height: 13.4pt; padding-left: 30px; background-image: initial; background-attachment: initial; background-size: initial; background-origin: initial; background-clip: initial; background-position: initial; background-repeat: initial;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 10pt; color: #000080;\">Estuve en Malvinas hace ocho a&ntilde;os. Las cosas han cambiado un poco, ahora no s&oacute;lo nos saquean el mar argentino adyacente en busca de kril, mariscos&nbsp;y peces, sino que pretenden extraer nuestro petr&oacute;leo.&nbsp;<br \/> Desde el aire, llegando, se observa aquel mapa escolar que tanto vimos. Encontrar a la hermanita perdida. Tierra lastimada. Muchos cr&aacute;teres dejados por las bombas y como banda de sonido la voz chilena del comandante de Lan que nos advierte que no podemos filmar o tomar fotos porque estamos en zona militar. Aterrizamos en una base colosal que mete miedo. Es un resumen de la OTAN que nos recuerda a Irak, pero sin embargo, la recepci&oacute;n es cordial. Nos hablan en espa&ntilde;ol y nos desean feliz estad&iacute;a.<br \/> A la salida del aeropuerto de Mont Pleasant, un avi&oacute;n de combate, transformado en monumento nos recuerda a qu&eacute; hemos venido y todo comienza a acomodarse. Parte del camino hacia Puerto Stanley para ellos, Puerto Argentino para nosotros, est&aacute; minado. Cientos de las m&aacute;s de 20.000 minas que est&aacute;n sembradas en las islas se conservan la vera de la ruta.<br \/> Tras una hora de viaje, se insin&uacute;a la peque&ntilde;a ciudad inglesa. A partir de ahora debemos mirar al rev&eacute;s, caminar al rev&eacute;s y manejas al rev&eacute;s. Hay dos o tres Land Rover por cada uno de los 2.500 habitantes. No hay una plaza central como en nuestras ciudades de herencia hisp&aacute;nica. Todo, o casi, transcurre a lo largo de la avenida costanera Ross Road. All&iacute; est&aacute;n los dos hoteles principales, el supermercado, la estaci&oacute;n de polic&iacute;a, el banco, la sede del peri&oacute;dico local, Penguin News, las dos iglesias, la protestante y la cat&oacute;lica, y el embarcadero que recibe a los miles de turistas que llegan en los barcos que hacen la ruta de la Ant&aacute;rtica, como dicen ellos.<br \/> El resto son calles paralelas a la Ross Road, donde est&aacute;n los pubs m&aacute;s populares: El Globe Tavern, amigable, y el Victory, no aconsejable para argentinos. All&iacute; se juntan colonialistas intransigentes nost&aacute;lgicos y vigentes, y su colonialismo antiargentino sube con la gradaci&oacute;n alcoh&oacute;lica.<br \/> Una frase se repite en las islas: &ldquo;Tendr&iacute;amos que hacerle un monumento a Galtieri&rdquo;. Inmediatamente explican que gracias al beodo general y su aventura pol&iacute;tico-militar, hoy gozan de un notable nivel de vida con excelentes colegios, hospitales gratuitos y servicios p&uacute;blicos eficientes. Insisten &ldquo;tendr&iacute;amos que hacerle un monumento&rdquo;, gui&ntilde;an un ojo invariablemente azul celeste y rematan: &ldquo;Pero no se preocupen, no se lo vamos a hacer&rdquo;.<br \/> Lo que no tiene un monumento pero s&iacute; una importante calle es Thatcher. La odiosa y recalcitrante &ldquo;Dama de Hierro&rdquo; a la que &uacute;ltimamente se la ve un tanto oxidada, luce su Tatcher Drive frente al mar, a metros del monumento a la Victoria, o sea a nuestra derrota. Es un importante grupo escult&oacute;rico rodeado de placas de m&aacute;rmol que recuerdan a los brit&aacute;nicos muertos en la guerra. All&iacute; nunca faltan flores.<br \/> La gente es cordial en Puerto Argentino\/Stanley. No hay caras raras al escuchar nuestra procedencia y se interesan en contarnos sus v&iacute;nculos con la Argentina: a&ntilde;os de estudios en C&oacute;rdoba, un hijo nacido en el Hospital Brit&aacute;nico de Buenos Aires, ciudad que admiraban y a la que todos quieren volver. Andan por ah&iacute; como nuevos ricos y, como tales, han podido decidir que hay tareas que ya no son para ellos. Para eso est&aacute;n los chilenos y los isle&ntilde;os de Santa Helena y Ascensi&oacute;n, dos colonias inglesas.<br \/> Para ir al cine hay que trasladarse a la base militar. Mi cabeza se entretiene en el paisaje pero mi coraz&oacute;n mira para los montes que rodean la ciudad. All&iacute; est&aacute;n el Longdon, el Kent, la zona de hales y Tumbletown. Todos hombres de batallas. Accidentes geogr&aacute;ficos accidentados. Tumbas de nuestros muchachos. Me duermo pensando en el otro d&iacute;a, en el d&iacute;a de estar ah&iacute;, con ellos-sin ellos, los nuestros.<br \/> El &uacute;ltimo combate es entre el 13 y el 14 de junio de 1982. a miles de kil&oacute;metros un general borracho y sus secuaces de las &ldquo;tres armas&rdquo;, con la calefacci&oacute;n de junio, deciden que no hay que rendirse hasta no perder las dos terceras partes de las tropas, unos ocho mil pibes. El decid&iacute;a, los nuestros pon&iacute;an el cuerpo. Pero Mario Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez desobedeci&oacute;, no para salvar vidas ajenas, sino, como durante toda la guerra, la propia.<br \/> A medida que subimos por la ladera del monte, el &oacute;xido delata la cercan&iacute;a de las trincheras. Cuevas en la tierra dura, en las piedras donde trataban de guarecerse, del honor que se volv&iacute;a mala fortuna, de la soledad, de la arbitrariedad de algunos oficiales, de los estacamientos de la turba helada, del hambre a pesar de los dep&oacute;sitos llenos de comida enviada por gente que todav&iacute;a cre&iacute;a que los genocidas pod&iacute;an hacer algo por la patria y dejar de robar aunque fuera por un rato. Pero no. Hab&iacute;a que guarecerse contra todo eso y ponerles el pecho a las balas inglesas, a los cuchillos gurkas y a los bombardeos. Eran pibes, pibes de 18 a&ntilde;os con apellidos correntinos, salte&ntilde;os, platenses, chaque&ntilde;os, argentinos de un solo apellido.<br \/> No tengo curiosidad, tengo un profundo respeto y dolor. Mi vista y mi cuerpo van hacia el pozo y ah&iacute; est&aacute;n las zapatillas. Flecha, una manta, un tubo de Odol gastado apretado hasta la nada. Una cantimplora y mucha vida dejada ah&iacute;, en los profundo de nuestra tierra malvinera. Y hay vainas de balas, cientos de ellas, como testigos de que ah&iacute; se pele&oacute; hasta el final. &iquest;Qu&eacute; fue de aquellos chicos que dejaron sus se&ntilde;ales de vida en Longdon y por todos lados? &iquest;Me estar&aacute; leyendo alguno de ellos?<br \/> Darwin, nombre que remite a la evoluci&oacute;n humana, es aqu&iacute; el sitio de nuestro cementerio, Argentina Cemetery, el de nuestros muertos. Esta en la cima de una colina. Cada tumba tiene un rosario azul invariablemente agitado por el viento. La mayor&iacute;a de ellas son an&oacute;nimas y sobre un m&aacute;rmol negro puede leerse &ldquo;soldado argentino s&oacute;lo conocido por Dios&rdquo;. La congoja y la bronca andan juntas por Darwin, y suben desde la tierra por aquellas soledades de la isla Soledad hasta nublarnos los ojos.<br \/> Menuda y necesaria tarea la de convertir la memoria en historia, que no es olvido sino todo lo contrario. La de separar la paja del trigo. La de denunciar a los soberbios jefes de aquella dictadura asesina y decadente, a aquellos profesionales de la guerra que s&oacute;lo pod&iacute;an guerrear con eficiencia cuando sus armas apuntaban contra su propio pueblo y homenajear a los oficiales y suboficiales dignos, que los hubo, y a aquellos chicos de la guerra que se encontraron de pronto, brutalmente, con la adultez, que no ten&iacute;a aquella cara pl&aacute;cida, contra propios y extra&ntilde;os por una causa noble y justa, conducidos por innobles e injustos comandantes.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 10pt;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-bottom: 0.0001pt; padding-left: 30px;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif; font-size: 8pt; color: #000080;\">Felipe Pigna (P&aacute;gina Oficial)<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-size: 8pt; color: #000080;\">&nbsp;<a style=\"font-family: Arial, sans-serif;\" href=\"https:\/\/www.facebook.com\/FelipePigna?fref=nf\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif; color: #000080;\">https:\/\/www.facebook.com\/FelipePigna?fref=nf<\/span><\/a><\/span><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Estuve en Malvinas hace ocho a&ntilde;os. 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