{"id":13351,"date":"2021-05-25T01:00:03","date_gmt":"2021-05-25T04:00:03","guid":{"rendered":"https:\/\/ens9001-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/?p=13351"},"modified":"2021-05-25T01:38:41","modified_gmt":"2021-05-25T04:38:41","slug":"sin-paraguas-ni-escarapelas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ens9001-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/sin-paraguas-ni-escarapelas-2\/","title":{"rendered":"Sin paraguas, ni escarapelas"},"content":{"rendered":"<h2><\/h2>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-13352 aligncenter\" src=\"https:\/\/ens9001-infd.mendoza.edu.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/cabildo.jpg\" alt=\"\" width=\"816\" height=\"1036\" \/><\/h2>\n<h6><\/h6>\n<h6><span style=\"color: #ffffff;\">&#8212;<\/span><\/h6>\n<h2><\/h2>\n<h2><strong>Los acontecimientos de Mayo de 1810 y los meses posteriores en la pluma de Osvaldo Soriano. Lectura infaltable para entender los sucesos.<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 24 de mayo por la noche, el coronel Saavedra y el doctor Castelli atraviesan la Plaza de la Victoria bajo la lluvia, cubiertos con capotes militares. Van a jugarse el destino de medio continente despu\u00e9s de tres siglos de dominaci\u00f3n espa\u00f1ola. Uno quiere la independencia, el otro la revoluci\u00f3n, pero ninguna de las dos palabras ser\u00e1 pronunciada esa noche. Luego de seis d\u00edas de negociaci\u00f3n van a exigir la renuncia del espa\u00f1ol Cisneros. Hasta entonces Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, ha sido cauto: \u00abDejen que las brevas maduren y luego las comeremos\u00bb, aconsejaba a los m\u00e1s exaltados jacobinos.<\/p>\n<p>Desde el 18, Belgrano y Castelli, que son primos y a veces aman a las mismas mujeres, exigen la salida del virrey, pero no hay caso: Cisneros se inclina, cuanto m\u00e1s, a presidir una junta en la que haya representantes del rey Fernando Vll; preso de Napole\u00f3n;, y algunos americanos que acepten perpetuar el orden colonial. Los orilleros andan armados y Domingo French, teniente coronel del estrepitoso regimiento de la Estrella, est\u00e1 por sublevarse. Saavedra, luego de mil cabildeos, se pliega: \u00abSe\u00f1ores, ahora digo que no s\u00f3lo es tiempo, sino que no se debe perder ni una hora\u00bb, les dice a los jacobinos reunidos en casa de Rodr\u00edguez Pe\u00f1a. De all\u00ed en m\u00e1s los acontecimientos se precipitan y el destino se juega bajo una llovizna en la que no hubo paraguas ni amables ciudadanos que repartieran escarapelas.<\/p>\n<p>El orden de los hechos es confuso y contradictorio seg\u00fan a qu\u00e9 memorialista se consulte. Todos, por supuesto ;salvo el pudoroso Belgrano;, intentan jugar el mejor papel. Lo cierto es que el 24 todo Buenos Aires asedia el Cabildo donde est\u00e1n los regidores y el obispo. \u00abUn inmenso pueblo\u00bb, recuerda Saavedra en sus memorias, y deben haber sido m\u00e1s de cuatro mil almas si se tiene en cuenta que m\u00e1s tarde, para el golpe del 5 y 6 de abril de 1811, el mismo Saavedra calcula que sus amigos han reunido esa cifra en la Plaza y s\u00f3lo la califica de \u00abcrecido pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>La gente anda con el cuchillo al cinto, cargando trabucos, mientras Domingo French y Antonio Beruti aumentan la presi\u00f3n con campanas y trompetas que llaman a los vecinos de las orillas. Esa noche nadie duerme y cuando los dos hombres llegan al Cabildo, empapados, los regidores y el obispo los reciben con aires de desd\u00e9n. Enseguida hay un altercado entre Castelli y el cura. \u00abA m\u00ed no me han llamado a este lugar para sostener disputas sino para que oiga y manifieste libremente mi opini\u00f3n y lo he hecho en los t\u00e9rminos que se ha o\u00eddo\u00bb, dice monse\u00f1or, que se opone a la formaci\u00f3n de una junta americana mientras quede un solo espa\u00f1ol en Buenos Aires. A Castelli se le sube la sangre a la cabeza y se insolenta: \u00abT\u00f3melo como quiera\u00bb, se dice que le contesta. Cuatro d\u00edas antes ha ido con el coronel Mart\u00edn Rodr\u00edguez a entrevistarse con Cisneros que era sordo como una tapia. \u00bb \u00a1 No sea atrevido ! \u00bb le dice Cisneros al verlo gritar, y Castelli responde orondo: \u00ab\u00a1Y usted no se caliente que la cosa ya no tiene remedio!\u00bb<\/p>\n<p>Al ver que Castelli llega con las armas de Saavedra, los bur\u00f3cratas del Cabildo comprenden que deben destituir a Cisneros, pero dudan de su propio poder. Juan Jos\u00e9 Paso y el licenciado Manuel Belgrano esperan afuera, recorriendo pasillos, escuchando las campanadas y los gritos de la gente. Saavedra sale y les pide paciencia. El coronel es alto, flaco, parco y medido. El rubio Belgrano, como su primo, es amable pero se exalta con facilidad. Paso es hombre de callar pero luego tendr\u00e1 un gesto de valent\u00eda. Entrada la noche, cuando French y Beruti han agitado toda la aldea y repartido algunos sablazos a los disconformes, Belgrano y Saavedra abren las puertas de la sala capitular para que entren los gritos de la multitud.<\/p>\n<p>No hay m\u00e1s nada que decir: Cisneros se va o lo cuelgan. \u00bfPero qui\u00e9n se lo dice? De nuevo Castelli y el coronel cruzan la Plaza y van a la fortaleza a persuadir al virrey. Hay un \u00faltimo intento del espa\u00f1ol por formar una junta que lo incluya, pero Castelli, que tiene 43 a\u00f1os y est\u00e1 enfermo de c\u00e1ncer, se opone. Los \u00abduros\u00bb juegan a todo o nada. Cisneros trata de ganarse al vanidoso Saavedra, pero el coronel ya acaricia la gloria de una fecha inolvidable. Quiz\u00e1 piensa en George Washington mientras Castelli se imagina en la comuna francesa. Su Robespierre es un joven llamado Mariano Moreno, que espera el desenlace en lo de Nicol\u00e1s Pe\u00f1a.<\/p>\n<p>Entre tanto French, que teme una provocaci\u00f3n, impide el paso a la gente sospechosa de simpat\u00edas realistas. Sus oficiales controlan los accesos a la Plaza y a veces quieren mandar m\u00e1s que los de Saavedra. Por el momento la discordia es s\u00f3lo antipat\u00eda y los caballos se topan exaltados o provocadores. Al amanecer, Beruti, por orden de French, derriba la puerta de una tienda de la recova y se lleva el pa\u00f1o para hacer cintas que distingan a los leales de los otros. Alguien toma nota y nace la leyenda de la escarapela en el pecho.<\/p>\n<p>Al amanecer, para guardar las formas, el Cabildo considera la renuncia de Cisneros, pero la nueva Junta de gobierno ya est\u00e1 formada. Escribe el catal\u00e1n Domingo Matheu: \u00abSaavedra y Azcu\u00e9naga son la reserva reflexiva de las ideas y las instituciones que se hab\u00edan formado para marchar con pulso en las transformaciones de la autognosia (sic) popular; Belgrano, Castelli y Paso eran monarquistas, pero quer\u00edan otro gobierno que el espa\u00f1ol; Larrea no dejaba de ser comerciante y difer\u00eda en que no se desprend\u00eda en todo evento de su origen (espa\u00f1ol); dem\u00f3cratas: Alberti, Matheu y Moreno.<\/p>\n<p>Los de labor incesante y pr\u00e1ctica eran Castelli y Matheu, aqu\u00e9l impulsando y marchando a todas partes y el \u00faltimo preparando y acopiando a toda costa vituallas y elementos b\u00e9licos para las empresas por tierra y agua. Alberti era el consejo sereno y abnegado y Moreno el verbo irritante de la escuela, sin contemplaci\u00f3n a cosas viejas ni consideraci\u00f3n a m\u00e1scaras de hierro; de aqu\u00ed arranca la antipat\u00eda originaria en la marcha de la Junta entre Saavedra y \u00e9l.\u00bb Matheu exagera su importancia. Todos esos hombres han sido carlotistas y, salvo Saavedra, son amigos o defensores de los ingleses que en el momento aparecen a sus ojos como aliados contra Espa\u00f1a.<\/p>\n<p><strong>El delirio y la compasi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 25, cuando muchos se han ido a dormir y otros llegan a ver \u00abde qu\u00e9 se trata\u00bb, el abogado Juan Jos\u00e9 Castelli sale al balc\u00f3n del Cabildo y, con el \u00e9nfasis de un Saint Just, anuncia la hora de la libertad. La historiograf\u00eda oficial no le har\u00e1 un buen lugar en el rinc\u00f3n de los recuerdos. El discurso de Castelli es el de alguien que arroja los dados de la Historia.<br \/>\nAquellas jornadas deb\u00edan ser un simple golpe de mano, pero la fuerza de esos hombres provoca una voltereta que sacudir\u00e1 a todo el continente.<\/p>\n<p>Dice Saavedra: \u00abNosotros solos, sin precedente combinaci\u00f3n con los pueblos del interior mandados por jefes espa\u00f1oles que ten\u00edan influjo decidido en ellos, (&#8230;) nosotros solos, digo, tuvimos la gloria de emprender tan abultada obra (&#8230;) En el mismo Buenos Aires no faltaron (quienes) miraron con tedio nuestra empresa: unos la cre\u00edan inverificable por el poder de los espa\u00f1oles; otros la graduaban de locura y delirio, de cabezas desorganizadas; otros en fin, y eran los m\u00e1s piadosos, nos miraban con compasi\u00f3n no dudando que en breves d\u00edas ser\u00edamos v\u00edctimas del poder y furor espa\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n<p>La audacia desata un mecanismo inmanejable. Saavedra es un patriota, no un revolucionario, pero no puede oponerse a la din\u00e1mica que se desata en esos d\u00edas El secretario Moreno, un asceta de la revoluci\u00f3n, dirige sus actos y sus \u00f3rdenes a forzar esa din\u00e1mica para destrozar el antiguo sistema. Habla lat\u00edn, ingl\u00e9s y franc\u00e9s con facilidad; ha leido ;y hace publicar; a Rousseau, conoce bien la Revoluci\u00f3n Francesa y es posible que desde el comienzo se haya mimetizado con el fantasma de un Robespierre que no acabar\u00e1 en la tragedia de Termidor.<\/p>\n<p>El ateo Castelli est\u00e1 a su izquierda, como French y el joven Monteagudo que maneja el club de los \u00abchisperos\u00bb. Todos ellos celebran en los templos del Norte el culto de La mort est un sommeil \u00e9ternel, que Fouch\u00e9 y la ultraizquierda francesa usaron como bandera desde 1792. Belgrano, que es muy creyente, no vacila en proponer un borrador con apuntes sobre econom\u00eda para el Plan terrorista que en agosto redactar\u00e1 Moreno.<\/p>\n<p>En la primera junta gana la gauche (la acepci\u00f3n de \u00abizquierda\u00bb se pronuncia, todav\u00eda, en franc\u00e9s): Moreno, Castelli y Belgrano son un bloque s\u00f3lido con una pol\u00edtica propia a la que por conveniencia se pliegan Matheu, Paso y el cura Alberti; Azcu\u00e9naga y Larrea s\u00f3lo cuentan las ventajas que puedan sacar y simpatizan con el presidente Saavedra que a su vez los desprecia por oportunistas. Las discordias empiezan muy pronto, con las primeras resoluciones.<\/p>\n<p>Castelli parte a C\u00f3rdoba y el Alto Per\u00fa como comisario politico de Moreno, que no confiaba en los militares formados en la Reconquista. Es \u00e9l quien cumple las \u00abinstrucciones\u00bb y ejecuta a Liniers primero y al temible mariscal Vicente Nieto m\u00e1s tarde. Belgrano, el otro brazo armado de los jacobinos, va a tomar el Paraguay; no hay en \u00e9l la c\u00f3lera terrible de su primo, sino una piedad cristiana y oto\u00f1al que lo engrandece: en el Norte captura a un ej\u00e9rcito entero y lo deja partir bajo juramento de no volver a tomar las armas. Manda a sus gauchos desharrapados con un rigor insostenible y no mata por escarmiento sino por extrema necesidad. Sufre s\u00edfilis, cirrosis y tiene v\u00e1rices, pero conserva la fe cristiana y el sentido del humor. Las victorias de Castelli en Suipacha y la suya en Tucum\u00e1n afirman la posici\u00f3n de Moreno en la Junta, pero las cat\u00e1strofes de fines de a\u00f1o aceleran su ca\u00edda.<\/p>\n<p>Frente a frente, uno de levita y otro de uniforme, Moreno de Chuquisaca y Saavedra de Potos\u00ed, se odian pero no se desprecian \u00abImp\u00edo, malvado, maquiav\u00e9lico\u00bb, llama el coronel al secretario de la Junta; y cuando se refiere a uno de sus amigos, dice: \u00abEl alma de Monteagudo, tan negra como la madre que lo pari\u00f3\u00bb. El primer incidente ocurre cuando los jacobinos descubren que diez jefes municipales est\u00e1n complotados contra el nuevo poder.<\/p>\n<p>En una sesi\u00f3n de urgencia Moreno propone \u00abarcabucearlos\u00bb sin m\u00e1s tr\u00e1mite, pero Saavedra le responde que no cuente para ello con sus armas. \u00abUsaremos entonces las de French\u00bb, replica un Moreno siempre enfermo, con el rostro picado de viruela, que acaba de cumplir 30 a\u00f1os. Al presidente lo escandaliza que ese mestizo use siempre la amenaza del coronel French, a quien hace espiar por sus \u00abcanarios\u00bb, una especie de soplones manejados por el coronel Mart\u00edn Rodr\u00edguez. Los conjurados salvan la vida con una multa de dos mil pesos fuertes, propuesta por el presidente.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfConsiste la felicidad en adoptar la m\u00e1s grosera e impol\u00edtica democracia? \u00bfConsiste en que los hombres impunemente hagan lo que su capricho e inter\u00e9s les sugieren? \u00bfConsiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de sus bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? \u00bfConsiste en llevar adelante el sistema de terror que principi\u00f3 a asomar? \u00bfConsiste en la libertad de religi\u00f3n y en decir con toda franqueza me cago en Dios y hago lo que quiero?\u00bb, se pregunta Saavedra en carta a Viamonte que lo amenaza desde el Alto Per\u00fa.<\/p>\n<p>Desde fines de agosto, Moreno ha hecho aprobar por unanimidad el Plan secreto de operaciones que recomienda el terror como m\u00e9todo para destruir al enemigo emboscado. Ese texto feroz, por momentos descabellado, no se conoci\u00f3 hasta que a fines del siglo XIX. Eduardo Madero ;el constructor del puerto; lo encontr\u00f3 en los archivos de Sevilla y se lo envi\u00f3 a Mitre.<\/p>\n<p>Para entonces, los premios y castigos de la historia oficial ya estaban otorgados y Moreno pasaba por un periodista y educador rom\u00e1ntico influido por las mejores ideas de la Revoluci\u00f3n Francesa. Pero es la aplicaci\u00f3n de ese m\u00e9todo sangriento lo que garantiza el triunfo de la Revoluci\u00f3n. Hasta la llegada de San Mart\u00edn la formaci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos se hizo a punta de bayoneta, la conspiraci\u00f3n de Alzaga, como la contrarrevoluci\u00f3n de Liniers, terminaron en suplicio y los espa\u00f1oles descubrieron, entonces, que los patriotas estaban dispuestos a todo: \u00abNuestros asuntos van bien porque hay firmeza y si por desgracia hubi\u00e9ramos aflojado estar\u00edamos bajo tierra. Todo el Cabildo nos hac\u00eda m\u00e1s guerra que los tiranos mandones del virreinato\u00bb, escribe Castelli antes de ser llevado a juicio.<\/p>\n<p><strong>El coronel manda parar<\/strong><\/p>\n<p>A principios de diciembre dos circunstancias banales sirven de pretexto a la ruptura entre Moreno y Saavedra que ser\u00e1 nefasta para la Revoluci\u00f3n. En la plaza de toros de Retiro el presidente hace colocar sillas adornadas con cojinillos para \u00e9l y su esposa.<\/p>\n<p>Cuando las ve, Matheu hace un esc\u00e1ndalo y argumenta que ning\u00fan vocal merece distinci\u00f3n especial. Pocos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 6, el regimiento de Patricios da una fiesta a la que asisten Saavedra y su mujer. En un momento un oficial levanta una corona de az\u00facar y la obsequia a la esposa que la entrega al Presidente, Moreno se entera y esa misma noche escribe un decreto de supresi\u00f3n de honores. Saavedra se humilla y lo firma, pero el rencor lo carcome para siempre. Poco despu\u00e9s, el 18 de diciembre, mientras los Patricios se agitan y reclaman revancha por la afrenta civil, el coronel llama a los nueve diputados de las provincias para ampliar la Junta. Moreno ;que intuye su fin; no puede oponerse a esa propuesta \u00abdemocratizadora\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00fanico que tiene el valor de votar en contra es el t\u00edmido tesorero Juan Jos\u00e9 Paso.<\/p>\n<p>Moreno renuncia y el 24 de enero de 1811 se embarca para Londres. \u00abMe voy, pero la cola que dejo ser\u00e1 larga\u00bb, les dice a sus amigos que claman venganza. Tambi\u00e9n pronuncia un mal augurio: \u00abNo s\u00e9 qu\u00e9 cosa funesta se me anuncia en mi viaje\u00bb.<\/p>\n<p>En alta mar se enferma y nada podr\u00e1 convencer a Castelli y Monteagudo de que no lo asesinaron. \u00abSu \u00faltimo accidente fue precipitado por la administraci\u00f3n de un em\u00e9tico que el capit\u00e1n de la embarcaci\u00f3n le suministr\u00f3 imprudentemente y sin nuestro conocimiento\u00bb, cuenta su hermano Manuel, que agrega en la relaci\u00f3n de los hechos el c\u00e9lebre \u00ab\u00a1Viva mi patria aunque yo perezca!\u00bb<\/p>\n<p>Saavedra ha liquidado a su adversario, pero la Revoluci\u00f3n est\u00e1 en peligro. El espa\u00f1ol Francisco Javier El\u00edo amenaza desde la Banda Oriental y no todos los miembros de la Junta son confiables. El 5 y 6 de abril el coronel Mart\u00edn Rodr\u00edguez,con los alcaldes de los barrios, junta a los gauchos en Plaza Miserere y los lleva hasta el Cabildo para manifestar contra los morenistas. Saavedra, que jura no haber impulsado el golpe, aprovecha para sacarse de encima al mismo tiempo a jacobinos y comerciantes corruptos. Renuncian Larrea, Azcu\u00e9naga, Rodr\u00edguez Pe\u00f1a y Vieytes. Los peligrosos French, Beruti y Posadas son confinados en Patagones. Belgrano y Castelli pasan a juicio por desobediencia y van presos.<\/p>\n<p>Pero Saavedra s\u00f3lo dura cuatro meses al frente del gobierno. Ha acercado a Rivadavia al poder, pero el brillante abogado y los porte\u00f1os se ensa\u00f1an con \u00e9I y lo persiguen durante cuatro a\u00f1os por campos y aldeas; se ensa\u00f1an tambi\u00e9n con Castelli, que muere deslenguado durante el juicio; con el propio San Mart\u00edn que combate en Chile; con Belgrano que muere en la pobreza y el olvido gritando el plausible \u00ab\u00a1Ay patria m\u00eda!\u201d<\/p>\n<p>Pese a todo, la idea de independencia queda en pie levantada por San Mart\u00edn, que se ha llevado como asistente a Monteagudo, \u00abel del alma m\u00e1s negra que la madre que lo pari\u00f3\u00bb. Los ramalazos de la discordia duran intactos medio siglo y se prolongan hasta hoy en los entresijos de una historia no resuelta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Osvaldo Soriano<\/p>\n<p>Fuente:\u00a0studocu.com<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8212; Los acontecimientos de Mayo de 1810 y los meses posteriores en la pluma de Osvaldo Soriano. Lectura infaltable para entender los sucesos. &nbsp; El 24 de mayo por la noche, el coronel Saavedra y el doctor Castelli atraviesan la Plaza de la Victoria bajo la lluvia, cubiertos con capotes militares. 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